Tormenta de verano
Lola tiene 30 años, un gato persa, un trabajo aburrido, celulitis en las piernas y un sexto desengaño amoroso. El sexto.
Resguardándose de la lluvia, permanece inmóvil en el portal del que era su pareja hasta hace apenas unos quince minutos. Sabe que debe irse cuanto antes pero el agua podría estropear su camisa de mercadillo... No puede engañarse a sí misma, en realidad, lo que no quiere es irse, alejarse de él. Aún sabiendo que él no es ni será nunca capaz de hacerla feliz. Y ella a él tampoco. Pero "es tan placentero y maravilloso tener a alguien a tu lado..." ha oído tantas veces. Y sabe que es cierto pero una parte de ella quiere pensar que estando sola también se está bien. Pero aún no lo ha hecho, ni siquiera lo ha intentado. Tiene miedo.
Reenganchando relaciones, ahora se da cuenta de que ha estado toda la vida huyendo de la soledad. Tampoco debe ser tan malo ¿no? se pregunta... Pero nunca se ha atrevido a comprobarlo. Siempre ha preferido unos besos con muerte anunciada a una vida sin ellos. Y tiene la inquietante sensación (casi certeza) de que así está sufriendo más...
Sin el suficiente valor, su otra parte espera que él baje en su busca para protagonizar la escena más romántica de todas las películas de amor que existen. Reencuentro, miradas, sonrisas, gestos, disculpas, declaración de amor eterno, beso largo de tornillo y abrazo intenso incluidos. Pero quizás sea mejor ver pelis de acción, donde salen tíos buenos para alegrarte la vista y no princesas por sorpresas donde el chico siempre salva a la chica de una vida triste de solterona...
Dando un paso al frente, Lola aún no es consciente de que la vida la está brindando una oportunidad de oro. En su mano está aprovecharla. Lola, ¿quieres seguir como hasta ahora o quieres arriesgarte?
Tú decides. Ahora es cuando...
De momento, ya ha dejado de llover...

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