Abordada.


Le cantas a tu desesperanza
una canción tierna de alabanza.
No gritas en el vacío de la noche
mi nombre,
como de costumbre.
Enciendes tu cigarrillo,
esperando el momento
en que, por fin,
mi imagen venga a ti.

Y siento desde dentro
un sufrimiento lento;
siento que llega el alba
y mis párpados todavía están sedientos,
sedientos por alcanzarte
esa estrella
que en el cielo vimos al mismo tiempo.

Te limitas a divagar,
a soñar,
a auscultar sombras difusas,
mientras yo te envío rauda,
intermitente,
todo el caudal de la sabiduría.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Lo mejor?

La vida merece amor...

Una constante...

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *